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domingo, 6 de marzo de 2011

Conmovida y temerosa

El 27 de febrero cerca de las tres de la madrugada del 2010, Chile se conmovió ante el terremoto que lo asaltó… yo soy de chile, y fui conciente de la magnitud y la multiplicada fuerza del sismo en otras áreas del país y de las consecuencias que hasta ahora, un año después muestran su peor cara al mundo.
Hubo un chileno que arriesgó su vida, cortando la cuerda que sujetaba al buque al puerto, donde iban muchos de los ciudadanos, arriesgó su vida y la dio para que un centenar de su gente viviera a cambio de su única vida, al pie del muelle y con soga en mano.
No es una broma, y muchos sabrán de este acontecimiento, motivada por lo hechos y la idea de que los sismólogos esperan otro de esos terremotos para este año y de mayor grado, puede que hasta 11 grados de intensidad, os dejo el relato ficticio y memorativo a ese hombre que ahora debe estar en el cielo.



El reloj dando las tres de la madrugada no lo despertó.
Había estado sin dormir por lo menos dos de las cuatro horas que llevaba tumbado en el camarote.
Lenta y cansadamente se volvió a revolver entre las mantas. ¿Qué le ocurría?.
Le costaba conciliar el sueño, y tras minutos de intensa búsqueda lo único que encontraba era una inquietud sinsentido y un desosiego molestoso para los compañeros de cuarto en la armada.
Más de su incesante revuelta. Comenzaba a sofocarse entre colchas y calor humano, en verano y en plena noche.
Le hubiera gustado mucho estar en casa y salir al patio de ésta, entretenerse en algo vano y esperar a que el sueño viniese por él.

El silencio era amenazador, mortificante y aburrido, a él le gustaba la vida, las luces y estaba comenzando a aborrecer tanto mar y lejanas olas rompiendo contra el roquerío.
Quería su pueblito y las montañas, los prados y el frío cordillerano, quería estar en casa.

La nostalgia lo asaltaba poderosamente.
-eres un mamón, Corell – masculló para sí tan bajo como lo permitía un susurro. Pateó las colchas y se quedó con el uniforme de descanso… se debía de ver patético con el pantalón oscuro y ceñido ¿eh?, casi ni se atrevía a mirar por  debajo de sus pectorales para ver la ridícula prenda envolver lo que se suponía su desnudez.
Suspiró melodramática y masculinamente.
¿Qué cosas pensaba un hombre en sus treinta, enlistado hace por lo menos una década en la marina y con un impropio insomnio?
-         putadas, probablemente – respondió aburrido. La vida era siempre igual. Silencio, incertidumbre… olas amenazantes en su caso, y noches en las que debería estar dormido y no pensando gilipolleces.
Era un maldito tonto, volvió a tirar sus tapas conciente de que hacía calor y que no necesitaba un par de inmaculadas sabanas encima suyo para volver a intentar a dormir, pero aun así las tiró e hizo ruido con ellas hasta oír solo la fricción de la tela y sus pensamiento… en el trasfondo la magnitud de la noche costanera perdió impacto y un ruido desacostumbrado reemplazó todo.
Joder, no eran las frazadas.
Se incorporó avistando en la penumbra y viendo miserablemente cabreado como sus compañeros dormían placida y cómodamente. Algunos hasta habían comenzado a roncar.
El sonido permanecía pegado a sus oídos… más alto y cercano, terrible y demoledor… le parecía conocido y eso le espantaba mas que la idea de estar en un bombardeo… el primer ramalazo sacudió la alcoba en breve y suave.
-         corell, qué demonios…  -
-         temblor compañero – le respondió al que ocupaba la cama de encima de él.
El segundo movimiento fue mas intenso, sonoro y extenso.
-         ¡arriba julianos! Esto no es solo un jodido temblor! – en un momento a otro las habitaciones de los uniformados eran todas comunes y presas de un caos de lo mas increíble.
Corell se preparó y salió de la planta superior del barco, la proa chocaba contra el embarcadero, la tierra ante sus ojos era un juego de luces y bailes. El sismo era cada vez mas fuerte y largo, mas peligroso y aterrador.
Dios bendito… esto era un terremoto, daba gracias a no haberse quedado dormido, a la vez se asustaba ante la idea de que esto fuera lo que lo había mantenido despierto.
Como marinero era un excelente navegante y bueno para extrañar la tierra… en uno de los impulsos de la ondulante embarcación se asió a los bordes y acojonó a los descontrolados marineros. Eso eran, hombres en trabajo y para el bien de su país, no maricas gritando y chocando unos con otros, así que cada uno se comportaría como tal.
-         ¡callaos!, joder, mirad hacia la ciudad, ellos no están mejor que nosotros y os dedicáis a hacer escándalo, controlaos ahora mismo – exigió inspirado y oprimido. Decían que los mejores momentos del hombre se presentaban cuando estos estaban bajo presión… corell solo esperaba que eso fuera una puñetera verdad.
Los movimientos amainaban… se hacían mas lentos y el barco ya no se mecía con tanta fuerza… la gente de la costa gritaba menos, salían mas de las casas y se dirigían lejos de ellos, del embarcadero y del mar.
Había niños, madres, ancianos… tanta gente.
Esto estaba muy tranquilo, incluso después de un terremoto… Corell vio a sus colegas y luego al tipo de gente que se quedaba rezagada por dificultades mayores como incapacidades físicas, niños pequeños y personajes mayores hastiados de correr… era un marinero, el deber de todos ellos era… proteger.
Al ultimo impulso del buque éste saltó al puerto, destrozado e inestable el embarcadero gimió en respuesta a su peso.
-         abrid puertas! –
Así fue hecho mientras Corell avanzaba a zancadas hasta el interior del puerto.
Casas, edificios recientes, locales comerciales… por el suelo y convertidos en puñados de escombros, gente gritando, fuera y dentro de los devastados cimientos… Sufrimiento.
En su cinturón de modo vibratorio su radio balbuceó inteligiblemente primero, luego mas estable y entendible.
-         uniformados de Chile, esta es una comunicación a nivel nacional y dirigida al sector central y sur del país, esta es una alerta máxima, terremoto de grado 9.5, ya sabéis la escala y el protocolo, evacuar la ciudad y cerrar los pasos de transporte, pronto… en las costas… se esperan represalias devastadoras –
El paso de Corell redobló su velocidad.
Esto no estaba sucediendo… vale, si. Estaba ocurriendo, infiernos.
Deteniéndose abruptamente no esperó presentarse ni ser el mayor agradable que se esperaría en estos momentos. Servil y delicadamente cogió a le señora-anciana que deambulaba mas cerca suyo. En sus brazos era liviana, frágil y temblorosa. Al darse la vuelta el inconmovible de Corell Divlem, sintió deseos de  llorar ante un apoyo tan inesperado y hermano del de sus compañeros imitando su acto.
Ancianos, niños, incapacitados, familias completas rehusándose a ser separados por una catástrofe natural.
Las idas y vueltas del puerto hasta el embarcadero, la forma en que ahora ya no sostenían solo personas temerosas e histéricas, sino también heridas e inconcientes.
Entre los escombros de la ciudad, Corell apenas se permitió momentos para cercarse el sudor de su frente, que corría a gruesas y macizas gotas por su rostro y cuerpo.
Era tiempo de volver… terremoto mas costa… buque anclado, heridos a bordo… mar entrándose, olas cesando… tenía que volver.
-         subíos y permaneced adentro –
-         sube maldito loco, ¿qué esperas? – oyó decir a uno de los oficiales. Hizo caso omiso al calificativo y le miró directamente.
-         Ve y comienza a dar la vuelta al buque, que quede de cara a la ola – ordenó incansablemente.
Si venía algo mas grande, fuera a la velocidad que fuera y a la altura que fuera, el buque rompería la barrera, solo si estaba de frente… de otra manera no habría sobrevivientes… y el trabajo hubiera sido en vano.
-         La sujeción está aún, no puedo girarlo – le dijo el hombre desde la altura del barco.
Gruñendo, Corell miró airado hasta el punto muerto y oscuro de la soga principal.
-         yo me encargo – respondió alejándose como el buen patriota que se consideraba.


Así que ahí estaba, nunca se había imaginado contemplando su final con serrucho en mano y soga casi cortada. Siguió trabajando sobre la sujeción de la cuerda mas ancha que alguna vez había visto mientras rememoraba sus días en la pradera, incluso la leche malteada que le daba su madre.
Hacía tanto tiempo que no los veía… una eternidad… y ahora ya no los vería mas… al menos tenía el consuelo de que todos ellos estaban a salvo muy cerca de la cordillera y muy, pero muy lejos del mar. Ellos… estarían bien… por mucho tiempo.
El sonido de las olas se levantó como escenario tras de él y el barco comenzó a cambiar de posición. Primero leve y luego notoriamente, la proa ahora no era parte de la visión de Corell, estaba de cara al mar.
Observó a la ola inflarse y cruzar a velocidad apremiante el tramo, mientras que Corell Divlem, mecánico y alguna vez operador de la fuerza nacional veía cómo buque que prácticamente había armado y desarmado en sucesivas ocasiones cortaba la ola y se habría paso a la quietud.
Mucha gente… a salvo.
La última sonrisa triste de Corell fue arrastrada consigo por la inmensa y poderosa ola que se hacía presente sobre él y toda la ciudad.
Un tsunami luego de un terremoto… menudo desastre... en el que salí siendo un héroe.  Pensó Corell hundiéndose entre el frío del agua y sus cada vez más congelados pensamientos. 

4 comentarios:

  1. Hola!
    Gracias por pasar a mi Blog a invitarme (HEB)! =)
    Lo he leído de un tirón, es especial me encanto el final... Esta muy bien escrito y atrapa la esencia de los hechos. Muy bien!
    Un beso
    Lu

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  2. Que precioso y que sensibilidad sobre un suceso tan importante para la vida de muchisimas personas. Porque aunke no seamos del mismo pais, somos hermanos solo por el hecho de habitar en el mismo mundo.

    Ha estado bellisimo evie, muy emotivo. Me encanta tu forma de escribir. Sigue así!! :D



    Bsos

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  3. Tenia mucho sin pasar, y ahora que lo he hecho quedé conmovida por tu relato, estuvo muy bonito, está muy bonito, corrigo. Me encanta como escribes, ya quisiera yo!!!
    T mando muchos besos!!
    X cierto, tengo el primer concurso en mi blog, para que te des una vuelta!!!

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  4. OH! mujer esto te a quedado muy bien no solo la forma en la que lo as relatado esta bueno, realmente me as conmovido, ademas que somos del mismo pais conosco bien lo que este desastre natural a traido.

    muchos besos evi, y sigue asi.!!

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suspiros

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